
En muchas zonas del mundo, los animales son forzados a trabajar sirviendo de instrumentos para la realización de labores agrícolas. Aunque, en nuestras sociedades occidentales desarrolladas, la maquinaria ha
desplazado casi totalmente esta forma de explotación, aún persiste la utilización de animales para la carga y transporte de mercancías y personas.

Caballos, burros, mulas y otros equinos, además de camellos, elefantes o bueyes, han sido tradicionalmente empleados como “bestias de carga”. Obligados a transportar sobre sus lomos pesados fardos o a tirar de carros con cargamentos de cientos de kilos, estos nobles y dóciles animales soportan penosas existencias y son usados hasta que su maltratados cuerpos, extenuados tras años de trabajos forzados, ya no son capaces de servir a sus explotadores. Entonces, muchos de ellos son “desechados”, eufemismo con el que se alude a su asesinato para evitar correr con los gastos de mantenimiento de un animal que ya no resulta rentable. Otro será comprado para ocupar su lugar, comprado como un utensilio más de trabajo para ser destinado a una vida de esclavitud, maltrato y
privaciones.

Mario Alberto Vega Gastelum
















